Experiencias de emprendedores
Sep
Esta vez, quiero hablar acerca de algo que me he estado cuestionando en demasía la última semana: LOS VALORES.
Ese término que determina el comportamiento de cada ser humano, determina también los límites de cada persona y la compatibilidad que cada individuo pueda tener con otro.
Estos, no los podemos enseñar como una fórmula matemática, y de hecho, me pregunto si realmente se pueden enseñar, o si solo son decisiones que tomará en determinado momento cada persona, independiente de lo que su alrededor le haya querido inculcar.
Lo que tengo claro, es que los valores no son tranzables, y creo incluso, que para este tema ni siquiera existe la tolerancia. Si alguien no respeta mis valores… ¡eso no lo puedo tolerar!
Los valores se defienden; porque uno cree en ellos, porque es lo que nos representa.
Nadie puede decir -por ejemplo- que uno de sus valores es la lealtad, si a la primera oportunidad traiciona o da la espalda a los suyos -eso está claro-. Pero tampoco puede decirlo, si comparte con personas que no son leales y los apoya o hace vista gorda de su forma de actuar.
Muchas veces nos “jactamos” de ser personas de principios y valores; de ser intachables. Sin embargo nuestro proceder, dista mucho de lo que nuestra verborrea da a conocer.
Cuando esto ocurre, lo más probable es que por algún tiempo las cosas nos resulten bien, pero a la larga esto cambia, y es ahí cuando solo queda asumir consecuencias y podemos también, ser causantes de que nuestro alrededor no construya una escala de valores en su vida, como la historia que presento a continuación.
Ago
Hoy he estado conversando con un amigo, quien me comentaba lo difícil que ha sido tomar sus propias decisiones. Me ha contado que para él es simplemente desafiante señalarle sus puntos de vista a sus padres, quienes desde niños nos conducen por la vida, entregándonos herramientas que nos ayudan en circunstancias a llegar a la decisión más “correcta”.
Pero ¿qué es lo correcto?. Mi querido profesor de filosofía, me explicó que lo correcto tiene estrecha relación con la moral que erróneamente definimos como lo bueno. Moral proviene de “mores”, palabra que se refiere a las costumbres públicas y a las tradiciones (mayormente de carácter religioso), del que arrancara el actual significado de la moral que vivimos en este entonces.
Estudiando aun más el término entiendo que no sólo es lo bueno sino que es lo malo también, es decir, lo correcto y lo incorrecto, llevándonos a la ética posteriormente.
Pero ¿cómo reconocemos lo moralmente correcto?. Muchos somos lo que nos hacemos esta pregunta al momento de decidir. Lo racional es lo considerado correcto, lo racionalmente correcto de acuerdo a los principios de la sociedad, pero si el supuesto propósito del hombre es la felicidad, ¿se supondría entonces que deberíamos ser felices de acuerdo a las doctrinas creadas por seres iguales a nosotros, con deseos e ideales semejantes?.
Después de reflexionar y leer “El existencialismo es un humanismo“, comprendí que la moral es total y completamente subjetiva, es decir, tu decides lo que es bueno, debes ser consciente de tus actos y de lo qué te hace feliz.
Quizás mi amigo debería saber demostrar lo que le hace feliz, lo que es correcto para él y que finalmente es eso, lo que lo hace moralmente correcto.
Sin embargo considerar estos puntos al momento de decidir no está nada mal:
Y tú, ¿cuál es tu decisión?
Comentarios Recientes